
El Concejo Municipal es una instancia donde se analizan y votan materias relevantes para la comuna, como presupuesto, subvenciones, modificaciones presupuestarias y otras decisiones que deben ser sometidas a su consideración.
Pero existe una diferencia importante: fiscalizar no significa solamente pedir la palabra en una sesión o formular críticas. La función de un concejal implica solicitar antecedentes, revisar documentación, plantear observaciones, hacer seguimiento a las decisiones adoptadas y exigir explicaciones cuando corresponda.
Los concejales tampoco administran directamente la municipalidad. Esa responsabilidad recae en el alcalde. Por lo mismo, un concejal no puede dar instrucciones a los funcionarios ni reemplazar las funciones de la administración municipal.
Su rol está precisamente en controlar, preguntar y revisar cómo se utilizan los recursos públicos y cómo se ejecutan las decisiones municipales.
En una comuna, la pregunta entonces no debería ser solamente cuántas sesiones realiza el Concejo, sino también qué están fiscalizando sus integrantes, qué antecedentes están solicitando, qué respuestas reciben y qué seguimiento realizan posteriormente.
Porque ser concejal no consiste únicamente en ocupar un cargo de elección popular. También implica ejercer una responsabilidad frente a los vecinos que entregaron su voto y frente a una comunidad que tiene derecho a saber cómo se toman las decisiones y cómo se administran los recursos públicos.
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